La infantilización de la impro
- Feña Ortalli

- hace 4 días
- 1 Min. de lectura
Actualizado: hace 2 días
Hay una delgada línea entre alentar a las personas a jugar como cuando eran niños y tratarlas como si realmente lo fueran.
Muchas veces siento esta infantilización tanto hacia los y las intérpretes de un show de impro como hacia el propio público.
Como si jugar estuviera inherente e inevitablemente conectado a comportarse como niños.
Discursos simples. Historias previsibles. Personajes maniqueos. Vestuarios coloridos. Moraleja final.
Los mismos ingredientes de cualquier típico show infantil. Tanto en forma como en contenido.
Infantilizar es minimizar, es subestimar y poner en juicio la autonomía, dignidad y agencia de las personas. Y si ya es bastante terrible hacerlo con niños y niñas (y ni hablar de hacerlo con adultos mayores), hacerlo con la impro es ayudar a cavar nuestra propia tumba.
Esta infantilización se encuentra muy presente en nuestra sociedad y se manifiesta visiblemente en contextos de racismo, machismo, edadismo y capacitismo.
Si bien la estrategia de convencer a los adultos de que vuelvan a jugar como cuando eran niños es la más común a la hora de ayudarles a desbloquear inhibiciones y miedos a las personas que comienzan a improvisar, se vuelve contraproducente si queremos profundizar en la técnica y utilizarla como medio de expresión artística.
Jugar como niños es un medio, no un fin.
No hay nada malo con jugar y recuperar algo de nuestro espíritu infantil; pero desde nuestra perspectiva, experiencia y conocimientos de adultos. Desde nuestros problemas, conflictos y realidades. Desde nuestros deseos, sueños y anhelos.
Hace un tiempo publiqué un texto titulado “Juega como un niño”, hoy me retracto y te aliento a que “juegues como adulto”.




Comentarios